ARCHIVADO:29 Feb 2000 PAG:27a SECCION:eco NOTAS:taniamga PUB: AUTOR:WI;28/02,12:16
TCI: Quijotadas o realidades

Quien más quien menos, todo el mundo ha oído hablar de un TLC, del TGV o de la THC. Pero, ¿quién conoce en Panamá el TCI?

Miren Gutiérrez
De La Prensa
Por extraño que parezca, el TCI es un ambicioso plan nacional de desarrollo, que lleva ya dos años en fase de diseño y del que se sabe mucho más -y cuenta con más apoyo- fuera que en el propio Panamá.
Pero ahora el plan -que podría terminar con la dependencia económica de este país en la ZLC, la banca y el Canal- está en un momento crítico por falta de impulso institucional.
Science, Conde Nast Traveller UK, Scientific American, The New York Times y Arquitecture son algunos de los prestigiosos medios que han hablado del TCI (TCR en inglés). El solo hecho de que medios tan diversos hayan escrito sobre él llama la atención. Y es que el plan Turismo-Conservación-Investigación engloba sectores que hasta ahora nadie se había atrevido a relacionar.
Hana Ayala, ex profesora de la Universidad de California, es la entusiasta autora y promotora de la idea. Ayala fue contratada por el gobierno de Ernesto Pérez Balladares, con un presupuesto de unos 200 mil dólares anuales, para poner en marcha un plan maestro de desarrollo que conjugara las ventajas comparativas del país con los intereses de uno de los sectores con más crecimiento del mundo, el turismo.

El comienzo
Ayala asegura que su relación con Panamá fue cosa del destino. En sus cursos de la Universidad de California eligió este país, sin siquiera haberlo visitado nunca, como modelo de sus teorías. Sus dimensiones, el Canal, la presencia del Instituto Smithsonian, junto con recursos naturales, patrimoniales e históricos que ella juzga inigualables, hacían de este país el modelo ideal.
Hace dos años, Ayala visitó Panamá acompañando a su esposo. Después de hacer una presentación sobre el TCI ante el Gabinete, se decidía que Panamá sería el primer país del mundo en aplicarlo.
La reputada American Association for the Advancement of Science (AAAS) y el director del Instituto de Investigaciones Tropicales Smithsonian, Ira Rubinoff, apoyaron el proyecto. El científico vio en él un incentivo económico para proteger y conservar el patrimonio del país.
En un año, un grupo de científicos nacionales y del Smithsonian identificaron 23 rutas patrimoniales -que más bien zonas- en todo el país, alrededor de un tema común, como los tesoros coloniales o los arrecifes de coral (ver mapa). ‘‘Se descubrió algo muy interesante: las áreas donde hay mayor riqueza patrimonial y natural, coinciden con las de mayor pobreza del país’’, según Ayala. ‘‘Esto presenta una importante oportunidad para atraer inversiones... a los lugares más necesitados’’.
Paralelamente, Ayala dice haber convencido a Rodrigo Tarté, de la Ciudad del Saber, de que, si quería convertir la institución en un centro único, debía olvidarse del currículo tradicional y ofrecer un programa interdisciplinario que vinculara áreas de diferentes ciencias que se complementan.
El segmento Conservación-Investigación había comenzado a caminar, pero se tenía que estudiar de qué forma se podía traducir en inversión.
Ayala enroló en el equipo a Theodore Panayotou, director del Programa Internacional de Medioambiente del Instituto para Desarrollo Internacional de Harvard.
Panayotou trabaja actualmente en tres aspectos del plan: identificar las instituciones financieras que pudieran movilizar ‘‘fondos verdes’’ (una de las interesadas es, irónicamente, la IFC -brazo financiero del Banco Mundial- que concedió un préstamo de 70 millones de dólares a la mexicana ICA para construir el ecológicamente incorrecto Corredor Sur); desarrollar incentivos económicos para el desarrollo y para atraer tecnologías verdes, y finalmente, determinar las coordenadas en las que el plan se debe acoplar a la economía nacional.
El entusiasmo caló en algunos dentro del sector privado. Empresarios como Herman Bern -quien tenía en su historial el criticado hotel Miramar- vieron la luz. Hoy en día el hotel Gamboa Resort (una inversión de 25 millones de dólares) ha destinado 3.5 millones de dólares a la conservación e investigación, según la experta. Otros, como Raúl Arias, con su Canopy Tower Ecolodge, o Roberto Eisenmann –una de las personas que primero se involucró en el proyecto y que continúa vinculada a él–, con su hotel Coronado, hicieron lo mismo. En total son 15 hoteles que han apoyado el plan, a los que se les exige que aporten fondos a la conservación e investigación del medioambiente.
‘‘Yo he pasado mil quinientas veces por Campana. Hana me convenció para reorientar el enfoque del hotel en playa y sol -cuenta Eisenmann–. Cuando lo vi me pareció una maravilla. Ahora todo huésped que llega al hotel se convierte en patrocinador’’.
¿Generosidad? No precisamente, dice Ayala. ‘‘lo hacen por negocio..., ya que esa inversión es sumamente mercadeable... Cualquier hotel tiene acceso a información de clase mundial que el Smithsonian produce, y la oportunidad de contribuir a la investigación’’.
Hay razones para apuntarse a esta corriente mundial. La Organización Mundial del Turismo calcula que, en 1997, se movieron 595 millones de turistas por todo el mundo, que gastaron 425 mil millones de dólares, y que la industria va a tener un crecimiento del 4.3% en número de turistas y del 6.7% en ingresos durante las siguientes dos décadas. Según la alianza TRC, el ecoturismo constituye la quinta parte de la industria y es el segmento que más rápidamente está creciendo.
El turista de alto nivel hoy busca, más que playa y sol, ‘‘una experiencia única que le enseñe algo’’, dice Ayala. La oferta TCI presenta ‘‘una interpretación’’ cualificada de la naturaleza y del patrimonio cultural, lo que la experta llama ‘‘turismo plus’’. Por su lado, los hoteles y centros turísticos TCI se aprovechan de ese interés, a la vez que contribuyen a la conservación e investigación.
La incansable promotora reclutó también al famoso arquitecto Frank Gehry, quien ya ha bosquejado -de forma gratuita- tres proyectos para Panamá (en Fuerte Sherman, Colón y Amador). Llevada por su entusiasmo, Ayala no rehúye las exageraciones comparando en sus charlas Colón con Bilbao, donde Gehry construyó el famoso Museo Guggenheim, una inversión pública de unos 100 millones de dólares que ha supuesto el renacimiento económico de esta ciudad industrial española. A pesar de los excesos oratorios, todo el mundo está de acuerdo con que Gehry podría ser la varita mágica que atrajera atención internacional e inversiones.
Sin embargo, se requiere de un capital semilla para colocar la primera piedra.
‘‘No veo que eso vaya a suceder, a menos que el Gobierno panameño adelante un montón de dinero’’, decía Gehry a la revista Civilization, que publicó un reportaje sobre el asunto en enero. ‘‘Hay que ser realista sobre las presiones que hay para convertir Panamá en el Singapur del Hemisferio Occidental. En general, el Gobierno no está dispuesto a invertir el dinero que se necesita para desarrollar un centro turístico’’.

Incompatibilidades
Gehry se refería a la urgencia que existe en Panamá por ver resultados a corto plazo, y a las obras que hay ya en marcha que son incongruentes con el TCI.
Según Ayala, el enfoque playa y sol, que hizo de países como España y México mecas del turismo en la década de los 80, está obsoleto. Para la experta, Panamá no reúne las condiciones para competir en playas con lugares con la infraestructura adecuada y los precios bajos. En cambio, puede ofrecer atracciones ‘‘excepcionales’’ que ningún otro país tiene, y que se podrían deteriorar si se da un turismo masivo.



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