Volando
Un informe “confidencial” da
cuentas del mal estado de la seguridad contra incendios en Tocumen y Albrook.
ABDIEL ZÁRATE Y HERASTO REYES
invest@prensa.com
Primera de dos entregas
Tal vez ninguno de los viajeros que entran y salen a diario de los aeropuertos de Tocumen y Albrook, piense que sus vidas pueden estar bajo un peligro agravado.
No saben que si se diese una alarma de fuego en cualquiera de las dos terminales, lo más seguro es que los bomberos aeronáuticos poco podrían hacer para apagar el incendio.
En primer lugar, los carros bomba tardarían en arrancar. Algunas mangueras dejarían escapar el agua por los agujeros o el deterioro provocado por un deficiente mantenimiento. Los cascos de los bomberos, algunos de ellos rotos, no los cubrirían de objetos que cayesen de lo alto. Los guantes no los protegerían del calor.
Un sistema de radiocomunicaciones inadecuado impediría una coordinación eficaz. Atender a los primeros heridos sería un grave problema, pues las ambulancias (una por terminal) no cuentan con equipo ni medicamentos básicos para una emergencia.
Esta situación, que se ha mantenido oculta en los últimos 10 años, deriva del abandono y descuido en que diferentes administraciones de la Dirección de Aeronáutica Civil (DAC) han dejado al Servicio de Extinción de Incendio (SEI) de ambos aeropuertos.
La situación es crítica. Un “Diagnóstico relacionado al Departamento de Salvamento y Extinción de Incendio”, elaborado por Roberto Carrillo, ingeniero y bombero aeronáutico, certificado por la Administración Federal de Aviación (FAA), retrata la calamitosa situación de la seguridad contra incendios en los dos aeropuertos más importantes del país.
El informe, presentado el 31 de julio del 2000 al director de la DAC, Jorge Rodríguez, tiene el sello de “confidencial”. Sin embargo, un año después, la situación se mantiene igual.
Previo a este informe, el 20 de junio del 2000, la presidenta de la República, Mireya Moscoso, paralizó un proceso de licitación para adquirir tres carros bomba con el propósito de desviar los fondos para cancelar la reparación de la aeronave Gulfstrean H.P.1-A, o sea, el avión presidencial.
A los directivos y voceros de la Dirección de Aeronáutica Civil se les llamó cuatro veces (el lunes 28 de mayo, el martes 29, el miércoles 30 y el viernes 1 de junio del 2001), para solicitarles sus comentarios al informe citado; sin embargo, no respondieron. Incluso se llegó a hablar con Luis Rafael Rossi, director nacional de aeropuertos, quien dijo que para conceder la entrevista debía tener autorización del director Jorge Rodríguez.
Con el propósito de hacer correctivos y mejoras al servicio de protección de incendio de los aeropuertos de Tocumen y Albrook, el director de la escuela de Aeronáutica Civil, Armando Fernández; el administrador del aeropuerto de Tocumen, Pedro Poveda, y el jefe del departamento de salvamento y extinción de incendio, Fernando Zambrano, le solicitaron a Carrillo que hiciera un estudio sobre el trabajo efectuado por la unidad de bomberos de aeronáutica, con miras a brindar “un excelente servicio” en materia de seguridad a los usuarios de las dos terminales y a su vez a las aerolíneas internacionales y locales.
El informe confidencial consta de cinco capítulos, 75 páginas y toda afirmación está debidamente documentada y sustentada con múltiples fotografías.
Diagnóstico de los aeropuertos
El objetivo principal del personal del SEI ante un accidente de aviación “es salvaguardar la vida de los pasajeros, a través del control y extinción del incendio para permitir la evacuación y sobrevivencia de las personas que están a bordo de la aeronave, en condiciones seguras”.
Carrillo señala que “no existe ninguna información técnica” que le dé potestad al SEI para implementar planos de preincendio de las aeronaves; es decir, que los bomberos aeronáuticos deben conocer las características físicas y los trabajos de reparación que se realicen.
La DAC “debe enviar a todas las compañías y usuarios de las terminales de Tocumen y Albrook documentación o nota, explicando el aspecto de prevención contra incendios en donde señale y aclare que cada compañía debe tener un permiso expedido por la oficina de seguridad del Cuerpo de Bomberos de Panamá, para que el SEI le dé seguimiento a todo trabajo o situación peligrosa”.
Los bomberos no tienen información sobre los depósitos de mercancías peligrosas en hangares, bodegas y las que arriben en aviones de carga, y “no cuentan con el equipo especial para responder a emergencias con materiales peligrosos, y mucho menos entrenamiento para responder y resolver estos problemas”.
“La atmósfera de supervivencia dentro del fuselaje de una aeronave envuelta en un incendio de combustible exterior se encuentra limitada a aproximadamente tres minutos, si se mantiene la integridad de la aeroestructura durante el impacto”. Hay que actuar con premura, por eso los bomberos siempre deben estar en estado de alerta y con un equipo en óptimas condiciones.
Personal y equipos
En Tocumen hay un promedio de 11 bomberos por turno, “si desglosamos este personal para una emergencia con la aeronave que efectúa más movimientos en esta terminal, usted tendrá dos o tres bomberos para efectuar la entrada, control interno, remoción y evacuación de más de 120 personas”, esto es así hasta que entre 15 y 30 minutos después llegue personal de apoyo de otras instituciones de socorro.
En cuanto a equipos, entre los daños detectados en el vehículo B-6 de extinción de Tocumen están: “problemas de fuga de aire y aceite hidráulico”. La fuga de aire “imposibilita que el vehículo pueda encenderse y desplazarse ante una emergencia”.
El citado vehículo estuvo fuera de servicio mucho tiempo y se reparó mínimamente. Además “estaba considerado como un vehículo de rápida intervención en sus mejores años, pero actualmente no rinde su cometido debido a su salida tan lenta, y realmente solo es útil para transportar agua y espuma. Hasta la fecha no se ha efectuado la prueba de tiempo de respuesta en esta terminal, ya que no se quiere correr el riesgo de que los vehículos queden fuera de servicio, minimizando el nivel de protección actual”.
Los otros vehículos y sus equipos operan a medias o están inoperativos, bien sea porque no sirven “debido a obstrucción en las mangueras o a la falta de un pitón para realizar la descarga de los agentes”. Otra manguera “no descarga suficiente agente desde su pitón, y es más lo que gotea a los lados que lo que descarga en chorro sólido o neblina”.
El vehículo con agente complementario “tiene problemas de arranque, luces de emergencia quebradas y no giran”. De los tres bomberos que salen en este vehículo, el tercero “va guindado en la parte de atrás”, en condición peligrosa.
Carrillo espera que se le preste la debida atención a estos detalles, aunque su solución sea costosa; pero la esperanza se ha desvanecido aun a sabiendas de que “los mismos podrían alterar el orden normal de las operaciones y la incertidumbre en las compañías y usuarios de las terminales”.
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