FECHA: 2001/06/18

LA PRENSA/Archivo
El director del Oncológico explica acerca del exceso de radiaciones aplicadas a pacientes de cáncer pélvico.

Cálculo fatal
Las causas y las consecuencias de un error en la máquina de radioterapia del Oncológico han sido estudiadas
por investigadores internacionales. Fue un error humano. Esta
es la historia

ARISTIDES CAJAR PAEZ
acajar@prensa.com
En el año 2000, el Instituto Oncológico Nacional (ION) cumplió 60 años de vida. La institución se había convertido en ese tiempo en todo un símbolo de esperanza y lucha contra el padecimiento del cáncer, la enfermedad que más muertes causa en Panamá.
Para celebrarlo, entre otros homenajes, se reconoció la labor de su primer director, el médico Ernesto Zubieta, quien en 1938 le planteó el desafío de crear un centro de atención contra el cáncer al presidente Juan Demóstenes Arosemena.
También, en esos 60 años, la institución remontó a una nueva fase de su desarrollo. En enero del 2001, el ION realizó por primera vez en Panamá el transplante de células hematopoiéticas a una paciente. Este tratamiento, comúnmente conocido como "trasplante de médula ósea", ha probado mejorar de manera notable la condición de los pacientes con cáncer, pero por su complejidad solo se realizaba en el extranjero, a un costo elevado que muchos pacientes de bajos recursos no podían pagar.
Sin embargo, precisamente en el año de celebraciones y éxitos, algo extraño había estado ocurriendo. Hacia finales del 2000, varios pacientes aquejados con cáncer en la región pélvica (colon, útero, próstata) empezaron a presentar síntomas preocupantes.
Los hechos
En diciembre del año pasado, los médicos notaron que un número elevado de estos pacientes padecía de diarrea crónica por causas que aparentemente no se relacionaban con su enfermedad. Todos esos pacientes se habían sometido a radiaciones de cobalto. Era probable que hubiesen recibido sobredosis de radiación.
Aunque en el oncológico había dos máquinas de cobalto en ese momento, los tratamientos solo se estaban realizando con la bomba Theratron 780C, con unos ocho años de uso. La otra máquina, una Picker con 25 años de uso, no se estaba utilizando.
La radiación con cobalto 60 es un procedimiento efectivo en la eliminación de tejido canceroso. Se trata de un isótopo radiactivo que se usa para el tratamiento de lesiones malignas profundas. Sin embargo, su uso entraña riesgos.
La energía de la radiación con cobalto es constante y tiende a expandirse. Por ello se protege el tejido sano del paciente mediante placas de plomo. Tanto los tiempos de exposición a los rayos como la protección del tejido sano se calculan electrónicamente por medio de dispositivos computarizados. El año pasado, el tratamiento de radiación atravesaba por algunas dificultades, según reportaron a medios de comunicación algunos pacientes.
En 1999, el Instituto Oncológico trasladó la mayoría de sus servicios a su nueva sede, el antiguo hospital Gorgas, en Balboa. Sin embargo, los equipos para radiación de cobalto permanecieron en la sede de la avenida Justo Arosemena, pues el sitio donde estos debían instalarse en el nuevo edificio no reunía las condiciones de seguridad necesarias.
Muchos pacientes estaban en lista de espera para los tratamientos y las citas demoraban. Había quejas por los viajes que debían hacer desde el Gorgas hasta la avenida Justo Arosemena para atenderse. A inicios del 2000 se adquirió una nueva máquina de radiación de cobalto en Canadá, pero al no haber dónde ubicarla, no se había traído a Panamá.
En mayo del 2000 se reportó que, pese a que había cuatro radiólogos atendiendo en la sede de la Justo Arosemena, tres estaban en entrenamiento, mientras que el otro debía desplazarse constantemente hasta el Gorgas.
Sobredosis
Los indicios de que algo no andaba bien con respecto a la radioterapia de cobalto se agravaron tras la muerte, en pocos meses, de cinco personas sometidas a tratamiento. En el mes de febrero del 2001, la persistencia de síntomas graves en varios pacientes llevaron a las autoridades médicas a concluir que las afecciones se debían a una sobredosis.
Por tal motivo, se suspendió el tratamiento de radiación y se procedió a revisar la máquina, los procesos y las medidas de seguridad. Físicos estadounidenses llegaron a Panamá a colaborar en las indagaciones y recomendaron a las autoridades de salud comunicarse con los pacientes y sus familias y afrontar la realidad de lo ocurrido.
El viernes 18 de mayo, en una conferencia de prensa, el nuevo ministro de Salud, Fernando Gracia; el director del ION, Juan Pablo Barés, y otras autoridades comunicaron al país la magnitud de la tragedia: por "accidente" se había producido una sobredosis de radiación a 23 enfermos de cáncer de próstata, colon o cuello uterino. Era posible que cinco hubiesen muerto por esta causa y que otros enfermos presentaran complicaciones. En ese momento se dijo que la causa podía ser un error técnico en la programación de la máquina.
Pese a que aún no se había confirmado el origen de la falla, Esteban Morales, director general de Salud, manifestaba que el equipo técnico nacional ya tenía una apreciación bastante aproximada de lo que realmente había ocurrido.
El día 20 de mayo, el ministro Gracia señalaba que hasta ese momento parecía confirmarse la existencia de un error en la programación de la computadora que administra la radioterapia. A partir de allí, se procedería a realizar una auditoría médica para determinar si además del error en la computadora había ocurrido también "un error humano".
La tesis del error informático planteaba dudas, pues la Agencia Internacional de Procesadores de Datos y Programas revisa de dos a tres veces al año el equipo de radioterapia que se utiliza en el oncológico y además expertos nacionales evalúan periódicamente los aparatos.
Los afectados
Entre tanto, el dolor y la frustración de los pacientes sobredosificados y sus familias les llevaba a plantearse seriamente la posibilidad de entablar demandas contra el Estado. Roger Barés, presidente del Comité de Protección del Paciente, abonaba la teoría de la falla humana y exigía responsabilidades. Según Barés, si la dosificación de la radiación era computarizada, alguien tenía que haber programado las máquinas.
La posibilidad de otorgar indemnizaciones por daños era algo que parecía fuera de las posibilidades de las autoridades de salud involucradas. El ministro Gracia decía entender la angustia de los pacientes y sus familias, pero señalaba que "ahora no podemos hacer más que darles todo el apoyo humano, médico y logístico para ofrecerles la mejor calidad de vida". Por su parte, Juan Pablo Barés declaraba que "el Instituto Oncológico es el responsable ante esto y daremos las respuestas que sean necesarias".
Para no suspender la atención al público mientras se realizaban las investigaciones, el ION anunció que contrataría los servicios de hospitales privados. Según el ministro Gracia, la remisión de estos pacientes, aproximadamente 200, a los centros hospitalarios privados, tendría un costo de cerca de millón y medio de dólares.
Las investigaciones
La Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), con sede en Viena, fue informada oficialmente sobre el accidente radiológico el 22 de mayo. El organismo se comprometió a conformar un equipo de expertos para visitar el país y rendir un informe.
Esta gestión se enmarcaba dentro del Convenio de Asistencia en Caso de Accidente Nuclear o Emergencia Radiológica, del cual Panamá es signataria. Este convenio data de 1986 cuando, a raíz del accidente de Chernobyl, se estableció un marco de cooperación internacional con la OIEA.
Entretanto, un equipo de expertos nacionales del Ministerio de Salud realizaba una auditoría técnica a los aparatos a fin de verificar su estado, corregir cualquier anomalía y ponerlos otra vez en funcionamiento en condiciones de seguridad. Esto se hizo el martes 22 de mayo.
El equipo nacional encontró fallas en los procedimientos y el protocolo con los que se aplicaban las radiaciones e hizo los correctivos necesarios. A estas alturas, las autoridades de salud ya tenían claro lo que había pasado. Sin embargo, prefirieron esperar el arribo a Panamá del equipo técnico del OIEA, para dejar que ellos investigaran y luego comparar conclusiones.
Al día siguiente, las autoridades de salud anunciaron que la bomba de cobalto estaba en perfecto estado y que podían reanudarse los tratamientos sin ningún peligro para los pacientes.
La OIEA envió a Panamá un equipo de lujo: Fred Mettler, del departamento de Radiología de la Universidad de Nuevo México (Estados Unidos); Jean-Marc Cosset, del departamento de Radioterapia del Instituto Curie (Francia); Patrick Gourmelon, del Instituto de Protección Nuclear de Fontenay (Francia); Stanislav Vatnifsky, jefe de Dosimetría y Radiación Médica de la OIEA, y Pedro Ortiz López. Algunos de estos expertos habían trabajado en las investigaciones sobre la crisis nuclear desatada en Ucrania en 1986 tras el colapso del reactor de Chernobyl.
Los expertos llegaron al país entre el viernes 25 y el sábado 26 de mayo. Durante cinco días, estos especialistas se reunieron con los expertos panameños y analizaron los resultados preliminares de la investigación. A partir de ello, cubrieron un programa intenso: revisaron toda la maquinaria con la que se realiza el tratamiento, hicieron una auditoría médica exhaustiva en el ION y brindaron tratamiento a los pacientes expuestos a la sobredosis.
Durante la presentación a los medios de comunicación de los expertos de la OIEA, Gracia declaró que el Ministerio de Salud velaría por la aplicación de la ley, las normas sanitarias y los reglamentos, a quienes resultaran responsables de la sobredosis de radiación. Ya se apuntaba hacia una dirección.
Según Gracia, el resultado de las investigaciones, "sea cual fuere, no será un final feliz". El ministro tampoco se sentía optimista sobre la evolución del estado de algunos de los otros afectados que continuaban hospitalizados.
‘Error humano’
Para el 30 de mayo, ya las autoridades de salud tenían una conclusión. El informe de los especialistas nacionales y las observaciones de los expertos de la OIEA tenían coincidencias sustanciales: todo parecía deberse a un trágico error humano.
El viernes 1 de junio en conferencia de prensa se reveló el alcance de la tragedia: unos ocho especialistas del ION habrían estado involucrados en fallas de procedimiento que tuvieron como resultado las muertes de unas cinco personas y la afectación de otras 28 por sobrerradiación. El ministro Gracia informó que la investigación y las sanciones las determinaría el Consejo Técnico de Salud.
En los días subsiguientes, el Ministerio Público requirió los informes del Ministerio de Salud y levantó el expediente del caso. Toda esta información se incorporó para empezar una investigación destinada a deslindar responsabilidades judiciales por el hecho.
El informe
El informe de la OIEA señala que el funcionamiento del equipo era el correcto, que este se encontraba en buenas condiciones y que estaba bien calibrado. Los expertos corroboraron que el problema estaba en el suministro de los datos al sistema de planificación de tratamiento utilizado.
Hasta agosto del 2000, la práctica había sido la de ingresar los datos en la computadora para cada una de las placas protectoras, en un solo lote de trabajo. El sistema tenía una limitación en cuanto a la cantidad de placas cuyos datos se podían ingresar en el sistema de esta manera. Al parecer, el procedimiento se cambió para superar esta limitación, en agosto del 2000, con el fin de atender tratamientos que requerían de más placas protectoras.
Para los 28 pacientes afectados, la información se ingresó en un solo lote de trabajo para múltiples placas protectoras. Esto fue lo que aparentemente causó que el sistema de planificación de tratamiento calculara incorrectamente las dosis de radiación, y en consecuencia, suministrara tiempos de tratamiento incorrectos. Los especialistas hallaron que era posible introducir de varias maneras los datos de múltiples placas protectoras en un solo lote de trabajo del sistema. Algunas de estas formas de suministrar la información eran aceptadas por el sistema de planificación de tratamiento, pero los valores de salida de irradiación eran incorrectos.
En todos los casos la computadora imprime un dibujo del área donde se aplicarían las placas y señala si la información ha ingresado correctamente. Las curvas de isodosis de una sola área de tratamiento son distintas unas de otras, pero cuando hay múltiples áreas de trabajo las diferencias no son tan obvias. Todos estos factores, además de la aparente omisión de una corroboración manual de los cálculos computarizados, dieron como resultado que los pacientes fueran irradiados con dosis que resultaron excesivas.
Advertencia mundial
El miércoles 20 de junio, un vocero de la OIEA utilizó el caso del ION para advertir a los hospitales del mundo sobre los riesgos de la sobredosis de radiación. Arne Roestel, presidente de la empresa MultiData, responsable por el programa de computadora utilizado por la bomba de cobalto del ION, señaló que se hizo un uso incorrecto del programa. "Los auxiliares de algún modo hicieron que el programa hiciera algo que el manual dice expresamente que no se debe hacer. No siguieron las instrucciones'', afirmó Roestel.
La tragedia que ha supuesto este accidente, al margen de las responsabilidades que se establezcan, pudiera por fin hacer que se le preste mayor atención al hospital oncológico. La falta de presupuesto, pese a la denodada labor de su personal médico y la generosa contribución de varias asociaciones y personas, sigue imponiendo serias limitaciones a la atención de los pacientes con cáncer.
Los gobiernos de los últimos años parecen continuar insensibles a la necesidad y al padecimiento de estos enfermos, al punto que incluso se le ha recortado el presupuesto a esta institución.
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