FECHA: 2001/07/27

LA PRENSA/Demóstenes Angel
El legislador Felipe Cano le entrega al mayor Agustín Pinzón, jefe del Area A de San Miguelito, un fusil T-65 que fue una de las armas intercambiadas por bonos de comida.

San Miguelito se desarma
En un solo día se recogieron 62 armas y mil municiones de todo calibre

HERMES SUCRE SERRANO
hsucre@prensa.com
Ayer las miradas de los curiosos seguían a un hombre, con una gorra a media frente, que caminaba con paso ligero por el campo de juego de Los Andes No. 2, en San Miguelito. El misterioso personaje portaba un cartucho negro del que sobresalía el cañón de una escopeta. Se paró frente al ministro de Gobierno y Justicia, Winston Spadafora, y se la entregó.
Spadafora sacudió el polvo de sus manos luego de depositar la culata y el cañón del arma sobre una improvisada mesa en el llano. “De esta hay que cuidarse, pero del tétano”, comentó el ministro, quien enseguida celebró el chiste con el legislador Felipe Cano. Al instante, aquel hombre recibió 80 balboas en bonos para comida por su vieja carabina.
Así fue el inicio del “IV Programa de Armas por Mejores Condiciones de Vida”, que impulsa Felipe Cano, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa, con el apoyo del Ministerio de Gobierno y Justicia y el alcalde de San Miguelito, Rubén Darío Campos.
El objetivo del programa es reducir la criminalidad en San Miguelito, un distrito con casi 300 mil habitantes, en donde de enero al presente han sido asesinadas 23 personas, sin contar los cientos de heridos. Dicho plan se ha puesto en práctica en comunidades como Don Bosco, Samaria, Santa Librada y Los Andes No. 1.
Poco a poco, como peregrinos que acuden a una cita religiosa, los voluntarios fueron bajando de las colinas a cambiar sus armas de fuego por bonos de comida, electrodomésticos o materiales de construcción. La entrega se cumple con sencillez, sin hacer preguntas de ninguna índole.
¿De donde sale el dinero? De las partidas circuitales del legislador Cano, de los aportes de comerciantes y de pequeños empresarios del distrito, que son los más afectados por la ola de criminalidad. Recordó que la violencia es un problema de todos, porque en las acciones del hampa y en las guerras entre pandillas mueren muchos inocentes. Las balas perdidas no tienen nombre ni apellido ni clase social.
Las redes dejaron buena pesca ayer. Se recogieron 62 armas y mil municiones de todo calibre. Se recibieron 10 armas de guerra por las que se pagaron bonos por hasta 800 balboas cada una. La operación costó 10 mil balboas en bonos y 3 mil balboas en certificados de crédito en el supermercado El Milagro. El arsenal lo recibió el oficial Agustín Pinzón, jefe del Area A de San Miguelito.
El entusiasmo del intercambio tocó las fibras de algunos miembros de las 19 bandas -cada una más peligrosa que la otra- que imponen su ley en San Miguelito. Los pandilleros le propusieron a Cano intercambiar armas por trabajo. Ellos abogan por soluciones más duraderas. El legislador pidió apoyo al Gobierno y a la empresa privada para contar con ofertas de trabajo.
La respuesta al programa ha sido buena. Quizás nunca se logrará un desarme total, pero a los organizadores del programa les queda el consuelo de que las armas que se entregaron ayer no matarán a nadie más.
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