FECHA: 2001/08/20

LA PRENSA/Bernardino Freire
Este es el taller de la discordia, ubicado entre la Vía España y la Fernández de Córdoba en la ciudad capital.

Una petición sin respuesta
Los vecinos del taller FORSA
se quejan de los ruidos y gases que emanan de ese local

RAFAEL PEREZ G.
rperez@prensa.com
Su petición es concreta: suspender las actividades de chapistería y pintura que se desarrollan en el taller FORSA, situado entre Vía España y la Fernández de Córdoba final, hasta que sus dueños presenten un estudio de riesgo a la salud y al ambiente.
Este es el invariable deseo de residentes de los condominios Villa Medeci, Nereyda y Guadalupe, ubicados en la urbanización El Carmen, corregimiento de Bella Vista, que colindan con el referido local. En dichos condominios habitan unas 86 familias.
Y su queja no es nueva. En noviembre del año pasado, los residentes interpusieron una denuncia ante el centro de salud de Pueblo Nuevo en la que advertían sobre la presencia de “fuertes olores a pintura y a thinner” y los “ruidos excesivos y permanentes” que generan los trabajos que el taller hace.
Una vez formalizada la denuncia -explicó Rigoberto González, uno de los denunciantes afectados-, se descubrió que FORSA inició operaciones sin que hubiese elaborado el respectivo estudio.
Ante ello, los encargados de salud ambiental dieron plazo hasta febrero pasado para la presentación del estudio, sin embargo, tras una petición de los propietarios del taller, se les extendió hasta mediados de julio, plazo que fue nuevamente prorrogado. Ayer fue la fecha tope para la entrega del estudio, no obstante, hasta el viernes pasado, los propietarios no habían cumplido.
A juicio de los hermanos Bhikú, propietarios del taller, el retraso obedece a las reiteradas solicitudes de incorporar nuevos “detalles” al estudio. No precisaron en qué consistían esas nuevas peticiones. “Son caprichos”, dijeron.
Pero independientemente de las oportunidades brindadas, opinan los denunciantes, el centro de salud ha desoído la petición concreta que ellos formularon el año pasado y que reactivaron meses después: investigar la emanación de los gases que, a su juicio, son nocivos para la salud de las personas que residen en el área, y el problema del ruido.
En una carta dirigida a Magally de Jordán, directora médica del centro de salud de Pueblo Nuevo, los residentes manifestaron que ni antes ni después que se instalara el taller FORSA, se ha realizado alguna construcción que impida la filtración de los ruidos productos de la actividad de chapistería.
Lejos de adoptar las medidas que correspondan, anotan en la misiva, en la galera que se adicionó al local principal “se siguen llevando a cabo trabajos que producen un ruido que es incompatible con cualquier vida en salud, y que no se requiere ser un experto para diagnosticarlo y verificarlo”.
“¿A qué contaminación ellos se están refiriendo?”, preguntó Omar Bhikú, administrador del taller. “Yo la desconozco”, dijo. La mayoría de los trabajos que se llevan a cabo en la referida galera son de herrería. Después de terminado, añadió, “le pasas una capita de pintura”. Nosotros, dijo, somos el único taller en Panamá que recicla el thinner y la pintura que se utiliza -asegura- no contamina el ambiente. “Yo puedo pintar al aire libre con los ojos cerrados y no hay contaminación con esa pintura”, afirmó.
Bhikú reconoció que en algunas ocasiones se registra ruido, pero “¿qué quieren que haga?, si tengo que hacer trabajos”.
“Me alegro”, le replicó, a su turno Rigoberto González. El problema, a su juicio, consiste en que los propietarios del taller no pueden “hacer dinero” a costa de la salud de nadie.
Y sus palabras son respaldadas por otros residentes. “Esto es horrible”, comentó Aminta de Brin, una residente que pasa la mayor parte del día en su apartamento debido a una enfermedad que le impide caminar con facilidad. Desde que mudaron ese taller aquí -dice- “nos han desgraciado” la vida.
Su apreciación es compartida por María Luisa Hernández, quien expresó su preocupación por los daños que las emanaciones y el ruido de este taller pueden ocasionar a la salud de los niños que viven con ella.
Con la actividad en ese taller “nos han robado la calma y la privacidad”, comentó Harold Rocha, otro de los residentes.
Gilberto Guerrero y Carlos Castillo también residen en el área. Son dos jubilados que invierten gran parte de su tiempo en procura de mejorar la calidad de vida en el lugar. Su nueva cruzada ahora consiste en luchar por la suspensión del ruido y eliminar los gases que le atribuyen a los trabajos en el taller.
En el centro de salud de Pueblo Nuevo, sin embargo, ninguna autoridad estuvo disponible para contestar las preguntas de La Prensa. Están en una misión fuera de la institución, se dijo en primera instancia. En horas de la tarde, la respuesta varió. Ahora, informaron, la directora médica está en una reunión con el personal del centro.
Para Ishak Bhikú, presidente de talleres FORSA, el comportamiento de las autoridades de Salud sobre la petición de los residentes tiene una explicación: Y es que el personal de salud no le puede aplicar ninguna sanción a FORSA, porque han cumplido con todas las disposiciones legales exigidas.
Pero los residentes siguen su cruzada y reclaman del Ministerio de Salud la protección de sus derechos.
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